Pasajero

Pasajero de mi camino cuentame una historia que no sea muy triste porque llevo a cuestas miseria que no quisiera recordar. El crecimiento de las lágrimas ha sacudido a mi pueblo y ya no me quedan fuerzas para estar positivo. Ayúdame con algo bonito.

Pasajero contestó: Querido, vengo de un reinado que no entiende de melancolias. Allí todos regalan paz y amor, sería una gran serendipia para todos ver algo de dolor en sus miradas. Nosotros tenemos un dicho "a planeta feliz, más vida para todos" y creo que ésto empuja a todo ser humano a ser mejor persona y cuidar cada acción que haga porque es el camino correcto para preservar nuestra especie. La raíz del problema está en la mente humana. Sólo si nos ayudamos unos a otros compartiendo lo que hacemos mal saldremos más sabios, más fuertes y más felices porque nos daremos cuenta del error, nos hará recapacitar porque experimentaremos lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros, y no lo volveremos hacer. De esta manera ganaremos todos.
Quiero decir que hace falta hacer muy poco para obtener grandes resultados. Así funciona mi pueblo. Tu paseas por él y en cada puerta hay una persona sonriente que te da los buenos días y te pregunta si necesitas algo. El alcalde, a cada nuevo residente que llega para quedarse a vivir le dice: te dejo habitar aquí bajo una premisa 'ayudar al pueblo siempre que lo necesite y tú puedas', si el nuevo vecino no acepta este 'encargo' es cordialmente invitado a abandonar el área.

No siempre ha sido así la convivencia aquí , sucedió algo horrible, una desgracia muy grande:

A) Un incendio arrasó uno de los edificios más importantes y se llevó la vida de mucha gente. En él vivía gente muy rica y odiada por el resto, por éso, cuando el lugar se llenó de llamas, sólo unos pocos ayudaron en la extinción pero no los suficientes para acabar con el fuego, y el alcalde no se lo perdonó. Desde entonces para sanar esa herida solo quiere que en el pueblo se haga el bien y que no haya odio porque el odio sólo destruye a las personas. 

B)Un virus infectó a todos los vecinos de uno de los edificios más importantes y se llevó la vida de mucha geente. En el habitaba gente muy rica y odiada por el resto, por éso, cuando el lugar se llenó de infectados, sólo unos pocos facilitaron equipamiento sanitario, no suficientes para curar a todos. Entre los vecinos había gente de todas las edades, culturas pero ante todo destacaba las grandes cantidades de dinero que cada uno poseía pero que nunca habían compartido con los otros ciudadanos cuando se necesitaba y ésto provocaba odio y malestar entre todos, y ésto no gustaba al alcalde pero había que recordar que ante todo eran personas pero no era un argumento con demasiado peso para convencer la mente de los vecinos. El alcalde ante esa situación sintió mucha impotencia porque él sólo no podía hacer nada y se prometió, que nunca más pasaría éso y que la situación no podría volverse a repetir. Desde entonces para sanar esa 'herida' solo quiere que en el pueblo se haga el bien y que no haya odio porque el odio sólo destruye a las personas. )

Despues de esta gran charla, el pobre individuo desatasco poco a poco su rostro triste y le respondió con una neutra sonrisa, visualizo algo de luz entre su oscuridad y sólo deseaba continuar escuchando a ese hombre que le transmitía mucha tranquilidad. 

Se encontraban tomándose un café en la cafeteria del tren camino a Cáceres y aún le quedaban 3 horas desde que habían salido desde la estación central de Málaga

Entre sorbo y sorbo el viajante le relataba la vida en su dulce vila, el antidoto perfecto para la desconocida alma que intenta despertar de un mal sueño llamado coronarivirus. Tantas vidas se llevó, tantas otras resisten y el resto, le miran con pavor.

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